Locales con escaparates redondos

No es casualidad que muchos de ellos sean sucursales del banco Santander. La ventana redonda era toda una seña de identidad de las sucursales del antiguo Banco Central, una entidad que a principios de los 90 se fusionó con el Banco Hispano Americano para formar el Central Hispano (sí, el que tenía un anuncio con Raffaella Carrá cantando con un canguro) y que luego acabó formando parte del Santander.

La ventana redonda era una manera de diferenciarse de cualquier otro establecimiento. En ella se colocaban unas enormes letras luminosas que, junto con la circunferencia, formaban el logotipo del banco: BC.

Hasta los años 90, la apertura de nuevas sucursales bancarias estaba muy restringida por el Banco de España. Había que pedir permiso por cada local que se quisiera establecer, así que no era raro que los bancos buscasen espacios con gran visibilidad (sobre todo esquinas) para situarse y tener así la máxima proyección. Y este recurso corporativo del BC era una manera de hacer aún más identificables sus locales, en una época en la que los rótulos de colores, pantallas e iluminaciones LED no existían.

Han pasado más de treinta años desde que la marca del Banco Central desapareciese, pero si vamos con el ojo atento, aún podemos encontrar restos en nuestras ciudades.

A veces es una ventana redonda, un pequeño logo en la antigua Caja Nocturna, restos de un letrero retirado hace años o una sucursal entera prácticamente congelada en el tiempo. Elementos que pasan desapercibidos, que se han integrado tanto en el paisaje urbano que ya ni los vemos, ni los miramos.

Una sucursal abandonada
Una sucursal abandonada.
Una frutería que aún conserva el símbolo del Central Hispano en el buzón
Una frutería que aún conserva el símbolo del Central Hispano en el buzón.
Un local de Zaidín (Aragón) con las letras BC, iniciales del banco, en la ventana redonda. Imagen enviada por Salva Jimeno
Un local de Zaidín (Aragón) con las letras BC, iniciales del banco, en la ventana redonda. Imagen enviada por Salva Jimeno.

Me gusta llamar a estas cosas Arqueología Brandera. Convertirnos en exploradores de nuestra propia ciudad y localizar los testigos de otro tiempo, de marcas que lo fueron todo y hoy no existen, de logotipos cuyo diseño hoy nos da risa o nostalgia, o quizás nos despierte un recuerdo que teníamos olvidado, como consiguen algunos olores o músicas.

Cuando publiqué la foto de una de estas ex-sucursales del BC en LinkedIn se despertó este efecto magdalena de Proust. «Recuerdo lo que me encantaba de pequeña intentar sentarme en una de aquellas ventanas redondas», me decía Ana. «En mi barrio  jugábamos a conseguir que una moneda lanzada con la suficiente fuerza diese la vuelta completa al círculo sin caerse», recordaba Germán.

La ciudad está llena de arqueología brandera. Una gasolinera de la antigua Campsa, una banderola con el antiguo logo de Font Vella, o pegatinas que alguien olvidó retirar de marcas que ya no existen.

Aunque reconozco que una de mis favoritas es una tapa de registro de la Compañía General Madrileña de Electricidad que aún podemos encontrar en Gran Vía. Si los cálculos no me fallan, esta marca (que desapareció en 1912) es anterior incluso al tramo de calle en el que se encuentra, por lo que no es raro pensar que esta tapa con un siglo de historia se encontrase antiguamente en una de las pequeñas calles que desaparecieron para construir la Gran Vía.


Si te gustan estas curiosidades, te gustará mi libro

Cubierta de Marcas que cuentan

Marcas que cuentan. Historias desconocidas sobre marcas cotidianas.

¿Por qué Zara se llama Zara? ¿Lo de que Miró dibujó el logo de La Caixa es verdad? ¿Por qué el tren de alta velocidad se llama AVE? Más de doscientas historias sobre las marcas que tenemos delante todos los días, y casi nunca nos preguntamos de dónde salen.

En librerías el 15 de octubre de 2026. Ya en preventa en Amazon y en tu librería de siempre.


Publicado

en

por

Etiquetas: