Esta historia forma parte de mi sección de grandes batallas de marcas en El Despertador de RNE, con Guillem Hidalgo. Si prefieres escucharla, puedes hacerlo aquí, en el programa del 11 de agosto de 2026:
De todas las grandes batallas de marcas, esta es 100% española. Y además una que ya sabemos cómo acabó, porque solo ha sobrevivido una: Galerías Preciados contra El Corte Inglés.
Pero no te pienses que te traigo algo viejuno, porque la historia de estas dos marcas está llena de sorpresas. Para empezar, aunque son los grandes competidores del comercio del siglo 20, El Corte Inglés y Galerías Preciados tienen su origen en la misma familia. Y además los dos fundadores habían aprendido a vender en la misma tienda, a las órdenes del mismo hombre, en Cuba. Y acabaron atrincherados uno en cada acera de la misma calle de Madrid, la calle Preciados: uno mirando a la Puerta del Sol y el otro a Callao.
Y lo que tampoco sabe mucha gente es que el acta de creación de El Corte Inglés tiene la firma del fundador de Galerías Preciados. Muy loco todo.
Tres asturianos en La Habana
Para entenderlo hay que irse a Cuba a principios del siglo 20. En aquella época la isla era toda una referencia del comercio. Un poco lo que pasa ahora con Silicon Valley y las empresas de tecnología, pero en tiendas. Allí estaban los almacenes El Encanto, la puerta por donde entraban en el mundo hispano las técnicas comerciales que se inventaban en Estados Unidos: la publicidad, las promociones, las rebajas… y trabajando en ellos coinciden tres asturianos de la misma familia. Uno, César Rodríguez, que era ya jefe y había hecho mucho dinero. Era el patriarca. Dos, su primo Pepín Fernández, que entra de dependiente y acaba de gerente, y además es un fenómeno de la publicidad. Y tres, Ramón Areces, sobrino de César: un chaval que desembarca con 15 años y al día siguiente ya está de aprendiz. Ya tenemos a los tres: el patriarca César, Pepín y Ramón. Pues son estos dos los que fundarán Galerías y El Corte Inglés años después.
Sederías Carretas
Madrid, 1934. Pepín vuelve de Cuba con dinerito en el bolsillo y muchas ganas de montar sus propios grandes almacenes con todo lo que había aprendido en El Encanto. Además, en aquella época España llevaba mucho retraso en cuanto a comercio: aquí lo normal todavía eran las tiendas con un mostrador en las que tenías que pedir las cosas e incluso regatear. No había promociones, ni rebajas, ni apenas publicidad. Y él quiere hacer algo moderno.
Pero Galerías todavía tendría que esperar. Él quería hacer unos grandes almacenes pero todavía no tenía dinero suficiente, así que comenzó comprando un local en la calle Carretas de Madrid y montó Sederías Carretas, una tienda de tejidos, con ayuda de su primo César, que seguía en Cuba. Y ya desde el principio fue muy rompedor, con unos anuncios muy bien redactados por el propio Pepín invitando a la gente a ir a la tienda, hablando de los géneros, permitiendo a los compradores pasear por los productos expuestos, con los precios a la vista… incluso publicaron unos anuncios contando que una señora había pagado de más por error y pidiéndole que volviese a la tienda a por su cambio. Nunca sabremos si era verdad o era un truco publicitario. (Esos anuncios los conté en «Sederías Carretas, la antecesora de Galerías Preciados».)


Le fue bastante bien, y al poco tiempo ya veía más cerca sus grandes almacenes y comenzó a mirar locales por Madrid, y encontró uno que le gustó mucho en la calle Preciados.
Este hombre tampoco se complicaba mucho la cabeza con los nombres: la sedería estaba en la calle Carretas, pues Sederías Carretas. Y los grandes almacenes estaban en la calle Preciados… pues se llamarían Galerías Preciados. Fíjate que en la segunda parte del nombre no era muy original, pero en la primera sí. Tiene una tienda de telas, pues la llama Sedería, que le da mucho más glamour. Y con lo de Galerías buscaba un toque más francés, porque la idea era vender también moda de mujer y era París de donde venían las últimas tendencias.
El Corte Inglés nace en los bajos de Galerías
Por aquella época, cuando estaba con la búsqueda de edificios para su nuevo gran almacén, volvió a España Ramón Areces, el sobrino de César. Y va y le pide trabajo en Sederías Carretas. Y Pepín le dice que no con la excusa de que tiene un pacto con sus socios para no contratar parientes.
Y aquí entra el tío César desde Cuba, que viene a decir: si no le dais trabajo al chico, buscadle un negocio pequeño donde colocarse. Y el negocio que le encuentran tiene su gracia.
En los bajos del edificio que había comprado en la calle Preciados para hacer sus grandes almacenes había una pequeña sastrería, fundada en el siglo 19, que se llamaba El Corte Inglés. Se llamaba así porque cosía gabanes y gabardinas al estilo británico, al corte inglés.
Así que a Pepín se le ocurre una manera de no tener que enchufar a Ramón. Le dice a su primo: «oye, mira, le dejamos la sastrería y que la gestione él. Yo todavía tengo que hacer unas gestiones para que me dejen derribar el edificio y construir lo mío, así que mientras tanto que la gestione él y luego ya que se la lleve donde quiera». Y el tío César dijo que OK, que él ponía el dinero. Así que firman los papeles del traspaso de la sastrería. Fíjate: el dueño de Galerías ayudó a crear El Corte Inglés. Esto es como la foto de Messi bañando a Lamine Yamal.
1940: a la acera de enfrente
Pasa la guerra civil, llega 1940, toca derribo, ¿y qué hace Areces? No se va del barrio: se muda a la acera de enfrente, en la misma calle Preciados. Y en la escritura de la nueva sociedad El Corte Inglés, ¿sabes quién firma? Pepín Fernández, en representación de César, que seguía en Cuba. El fundador de Galerías firmó la escritura de El Corte Inglés. Y hay más: César le ofreció por carta entrar de socio. Y Pepín dijo que no. Pudo ser dueño de las dos empresas, y eligió quedarse solo con la que acabaría perdiendo.
Y todavía le hizo un favor más. Para montar la tienda nueva, Pepín le prestó a su jefe de escaparatistas, Samuel Venero. Y Areces lo acabó fichando. Pepín lo escribió por carta: «Yo sufrí con Ramón un desencanto inmenso».
Y no era la primera vez que Pepín escribía sobre él. Los dos mayores llevaban tiempo hablando del chaval por carta. César, de su propio sobrino, esto es literal: «Ramón ha de tener muchos fallos». Lo disculpaba, eso sí: decía que eran fallos de novato y que confiaba en que se le pasarían. Y Pepín, más frío, viene a decir que Ramón no es ninguna nulidad, pero que tampoco es un hombre extraordinario capaz de grandes cosas. Los dos maestros del comercio español se pusieron por escrito a calibrar al chico.
Galerías abre, y llega la «bomba atómica»
¿Y el gran almacén de Pepín? Lo levantó. En abril de 1943 Pepín abre por fin Galerías Preciados, el primer gran almacén moderno de España, sobre el solar del edificio derribado: literalmente encima del local donde había nacido El Corte Inglés. Para los madrileños: ese es el local donde actualmente está la Fnac de Callao. (Y si te interesa cómo fue cambiando su marca: la evolución del logo de Galerías Preciados.)

En 1946 se rompe la familia, y por carta. El 1 de febrero, César le escribe desde La Habana: El Corte Inglés ha comprado el edificio de al lado para hacerse grande. Y Pepín se da cuenta de que El Corte Inglés no quiere ser una sastrería para hombre solamente. Porque aquí está la clave: hasta ahora, Galerías y El Corte Inglés no eran competidores, cada uno iba a lo suyo. Galerías eran unos grandes almacenes de tejidos y moda femenina y El Corte Inglés era una sastrería de hombre y niño. Pero cuando El Corte Inglés comienza a ampliarse, en Galerías se dan cuenta de que también quiere ser un gran almacén. Es decir, competencia. En una carta a su primo César, Pepín dice «La operación ha quedado definida como la bomba atómica contra nosotros». Bomba atómica. En 1946. Unos meses después de Hiroshima. Imagínate cómo le sentó.
Y para cuando escribió esa carta, ya había echado de la sociedad a su primo. Al hombre que lo había sacado del pueblo, que le había enseñado el oficio y que le había puesto el dinero. Lo echó de la sociedad sin decírselo, le liquidó su parte por 100.000 pesetas de un capital de 5 millones, y se lo contó casi un mes después, en una segunda carta. Y César, en su respuesta, se despidió diciéndole que, aunque le pareciera raro, seguiría espiritualmente unido a sus éxitos.
Espías en la calle Preciados
En el día a día, las dos tiendas montaron una guerra de espionaje en toda regla. Los dos almacenes mandaban empleados poco conocidos a la tienda de enfrente haciéndose pasar por clientes, a apuntar productos, precios y hasta el trato de los dependientes. Llegó a haber un departamento con nombre oficial y todo: el Departamento de Comparación y Muestras. Y la mejor: se cuenta que un día Areces llamó a Pepín para contarle lo que se había hablado esa misma mañana en una reunión secreta de la cúpula de Galerías. Le llamó solo para restregarle que tenía un topo dentro. Pepín volvió a reunir a todos los asistentes para cazar al traidor.
Y esto duró décadas. En Galerías estaban convencidos de que El Corte Inglés les leía el calendario de promociones. Una vez, tenían preparada su campaña del Día de la Madre: «200 ideas para regalo». Días antes de publicarla, apareció en la prensa El Corte Inglés con «10.000 ideas para regalo». Le arruinó la campaña antes de estrenarla.
Cómo acaba la guerra
En 1966 muere el patriarca César, y Areces toma por fin el mando en solitario de El Corte Inglés y es cuando comienza a adelantar a Galerías. El Corte Inglés había tardado en salir de Madrid (hasta 1962 no abrió en Barcelona), mientras Galerías sí que había abierto algunas sucursales por toda España, pero de repente, con todo lo que había ahorrado, comenzaron una expansión mucho mayor. Llegaban a una ciudad y al lado del Galerías colocaban un enorme Corte Inglés nuevecito. Y claro, la gente empezó a verles como los grandes.
Fíjate, Ramón Areces, ese chico por el que no daban un duro, al final resultó que sí sabía. Galerías se acojonó al verles avanzar así que comenzaron a crecer ellos también, pero a base de deuda, tanto que en 1979 su principal acreedor, el Banco Urquijo, se quedó con el control. ¿Y sabes a quién intentó vendérsela el banco en 1981? A El Corte Inglés. Y El Corte Inglés dijo que no. Pudo quedarse con su enemigo y no quiso.
La acabó comprando Rumasa, el imperio de Ruiz-Mateos, en el 81… Por aquella época murió Pepín Fernández, sin saber que Galerías ya no era de su familia.
Y en febrero del 83, el Estado expropió Rumasa con Galerías dentro. Y durante un tiempo tuvimos unos grandes almacenes públicos, pero luego fueron privatizados. A lo largo de los 80 y los 90 tuvieron diferentes dueños, pero la cosa ya estaba en declive. Con menos dinero podían comprar menos productos porque los proveedores no se fiaban de cobrar. Así que mientras El Corte Inglés seguía abriendo por toda España, Galerías tenía unos centros más cutrecillos y un género peor, así que la gente iba menos, así que tenían menos dinero… una pescadilla que se muerde la cola. Y al final… acabaron cerrando en 1995. Sus activos, sus edificios y gran parte de su personal pasó a formar parte de El Corte Inglés.
El Corte Inglés compró Galerías Preciados, catorce años después de haber dicho que no. Y el nombre desapareció de las calles.
Un último detalle: en 1997 el Estado sacó a subasta la marca Galerías Preciados por más de 3.000 millones de pesetas. No la quiso nadie. 11 años después la ofrecía por 300.000 euros, y seguía sin comprador. La marca que inventó las rebajas en España acabó rebajada, y ni por esas.
Dos curiosidades más
Galerías murió, pero dejó un legado más allá de lo comercial. Porque Pepín Fernández se inventó buena parte de las fiestas de comprar en España. ¿El Día de la Madre? Lo fijó él, con la Inmaculada, el 8 de diciembre, para levantar un mes flojo de ventas. Tres años lo publicitó Galerías en solitario; luego lo copiaron todos. ¿El Día del Padre? De su casa también, en los cincuenta, con San José. ¿El de los Enamorados? Febrero del 48, y el razonamiento es puro marketing: ya existía el día de la madre, y faltaba un día en el que pudieran comprar todos. ¿Las rebajas de enero? La fórmula la estrenó su tienda en 1940, y El Corte Inglés se la copió 4 años después. Y una confesión de archivo: uno de sus eslóganes más famosos, «Practique la elegancia social del regalo», no era suyo. Era de un escritor de El Encanto de La Habana.
La marca El Corte Inglés costó 125 pesetas: es lo que se pagó en 1935 por registrarla, más otras tantas por el rótulo. Y a Areces el nombre no le gustaba. Contaba que no era nombre para un gran almacén, y que llegó a ofrecer un millón de pesetas a quien le encontrara uno mejor, de una sola palabra. El motivo es buenísimo: en la radio los anuncios se cobraban por palabra, y El Corte Inglés tiene tres. Decía que sus empleados no le dejaron cambiarlo. Lo del millón, entre tú y yo, suena a cuento: el edificio entero le había costado poco más. Pero la historia es redonda: una de las marcas más valiosas de España costó 125 pesetas, y su dueño quiso quitársela de encima.
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Foto de portada: el anexo de Galerías Preciados en la plaza del Callao, en 1974 (recorte). Fortepan / Mészáros Zoltán, CC BY-SA 3.0.

