El ritual de estrenar

Hace unos días cambié de móvil. Pasé de un iPhone 11 a un iPhone 16 y el proceso fue absolutamente transparente. Lo que uno espera de Apple. Saqué de la caja el nuevo teléfono, lo puse al lado del otro y en unos minutos el nuevo móvil tenía toda la información del antiguo.

Sin duda el proceso fue perfecto, sencillo, sin fricción. Y sin embargo, me sentí un poco decepcionado. Como si me hubieran arrebatado algo.

Antes, cuando estrenaba un dispositivo, pasaba horas configurándolo, eligiendo los ajustes, personalizando cada detalle. Cuando cambié por primera vez de ordenador, pasé una tarde entera moviendo documentos en disquetes, eligiendo mi nuevo fondo de pantalla, explorando las opciones del panel de control. Cuando estrené mi primer móvil copié manualmente los contactos, me escribí en un cuaderno los SMS especiales para no perderlos, escuché todos los tonos de llamada del flamante Nokia para decidir cuál encajaba más con la nueva etapa de mi vida. Todo eso tenía algo especial: la sensación de que, con cada paso, estaba construyendo mi nuevo espacio digital.

Sí, esos procesos eran un coñazo, pero en cierto modo también una ceremonia de inicio. Un ritual. Ahora, en cambio, mi nuevo iPhone tiene las mismas apps, la misma configuración, el mismo tono de llamada y el mismo fondo de pantalla con la foto de mis gatos. Es como si en vez de cambiar de teléfono le hubiera hecho la cirugía estética al anterior.

En un mundo donde la tecnología se esfuerza por eliminar fricciones, nos hemos quedado sin rituales de transición. Como si no hubiera un espacio para despedirse del pasado ni para prepararse para el futuro. Solo un traspaso de información inmediato, automático, sin intervención.

Seguramente esto es una rareza mía. Entiendo perfectamente las ventajas de no perder una tarde en configurar un teléfono. La sensación de magia de Apple cuando en dos toques ves que algo tan cotidiano como tu iPhone se ha reencarnado en otro aparato. Quizás sea esa parte de mí que disfruta, como los padres de Amélie, vaciando una caja de herramientas, limpiándola y ordenándola.


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