Así se creó el nombre de Renfe y sus primeros logos

Renfe nació en 1941, fruto de la nacionalización de todas las líneas de tren de ancho ibérico que eran explotadas hasta entonces por empresas privadas, y que se habían visto seriamente afectadas por la guerra civil. El nuevo monopolio público se denominó Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, un nombre puramente descriptivo y con una cierta intencionalidad política (de ahí lo de Nacional que resulta redundante con Españoles, rasgo que comparten otras marcas creadas en la época como Radio Nacional de España).

Una marca compuesta por cinco palabras no es operativa, fácil de aplicar, memorizar ni decir espontáneamente en una conversación. Esto llevaba el peligro de que la marca no contase con respaldo social y se acabase conociendo simplemente como “el tren”.

El nacimiento de la palabra Renfe y la primera búsqueda de logo

Durante sus primeros meses de vida, en periódicos y algunos documentos públicos la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles se denominó sus siglas R.N.F.E., difíciles de pronunciar. Incluso se llegó a probar algún anagrama como Renafe, pero su fonética no parecía convincente. Finalmente en julio de 1941, seis meses después de la creación de la compañía, la compañía registraba el anagrama por el que sería conocida: Renfe. Una palabra sonora, fácil y de solo dos sílabas.

Sin embargo, Renfe no tenía una identidad gráfica que expresar. En 1942 se convocaron dos concursos para elegir el símbolo de la empresa, pero Renfe no se quedó con ninguno de los emblemas presentados: el jurado consideró que ninguna de las propuestas tenían la suficiente calidad. El ambiente político de esos años explica seguramente el estilo heráldico, grandilocuente y hasta imperialista (en muchas aparecía el águila de la bandera española) de las propuestas.

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El primer logo

Finalmente, en 1947 la compañía estrenó su primera identidad visual creada especialmente para ello: la palabra Renfe inscrita dentro de un círculo, a modo de sello de caucho. Este logotipo nunca fue de uso obligado, como era común en las marcas de aquella época: contaban con un símbolo más o menos oficial pero el branding no estaba tan desarrollado como para ser conscientes de que debía aplicarse y adaptarse a todos los soportes.

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La propuesta que no llegó a ser

A principios de los 50, Manuel García Sanchidrián, empleado de la Dirección Comercial de Renfe, publicista e ilustrador, elaboró una especie de símbolo para Renfe, con el nombre de la compañía, aunque no llegó a ser empleado por la compañía más que en su revista interna Trenes. El símbolo más o menos oficial continuó siendo el redondo.

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El logo manuscrito

Años después Sanchidrián acudió al dibujante Vicente Gómez Sánchez para pedirle un logotipo para Renfe que representara la innovación y la modernidad que querían empezar a atribuirle a la compañía. Este dibujante se inspiró en un nuevo invento que ya estaba en pruebas y que llegaría poco después a España: la televisión. Así realizó una composición caligráfica con la palabra Renfe (con la R en mayúsculas y el resto en minúsculas) inscrita dentro de un marco ligeramente redondeado. Una solución elegante que hoy en día podría ser el logo de cualquier iniciativa de aire retro, y que según considera el profesor José María García Merino, influenció claramente la identidad de otra empresa del sector: Talgo.

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Pero al igual que con muchas otras grandes empresas (como Iberia, los bancos o algo más tarde Telefónica) no sería hasta los años 70 que Renfe tendría su primera identidad visual completamente concebida como tal, en la línea de las imágenes corporativas que hoy conocemos, y con ella llegaría su símbolo más famoso: la “galleta” de Renfe. Pero eso lo repasaremos en otro artículo más adelante.

Bibliografía: “Renfe, origen y destino de una imagen” Renfe, 2008.

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