El cambio de imagen de Metro de Madrid (de 1982)

A principios de los años 80 el metro de Madrid no pasaba por una buena época. Había sido desprivatizado a finales de los 70, y se enfrentaba a una época de caída de viajeros y mala calidad en el servicio. Trenes viejos y mal mantenidos, instalaciones sucias, vandalismo y peligrosidad… los madrileños no estaban orgullosos de su metro y se había convertido en el medio de transporte de los pobres, de quienes no tenían otra opción.

Metro decidió actuar sobre esto tomando medidas que cambiaran esta percepción: aumento de la vigilancia y la limpieza, reforma de estaciones, nuevos trenes… pero hacía falta un cambio gráfico que modernizase la imagen corporativa. Un nuevo estilo de comunicación y un retoque en el logo lo hicieron posible.

Llega el Metro (en Helvetica)


La marca de Metro recibió un lavado de cara: se mantuvo su forma y colores (rebajando algo el azul), y la tipografía se cambió a un Helvetica en la que se utilizaban por primera vez las minúsculas. Además, hasta entonces se habían utilizado versiones del logo con relieves y brillos, y se pasó a utilizar solo colores planos.

La Helvetica se convirtió en la tipografía oficial del metro, tanto en su publicidad y planos como en la nueva señalización. La simplicidad era la norma. Los nuevos planos y carteles de señalización (con un color asignado a cada línea), folletos y anuncios eran mucho más sencillos y fáciles de entender:

Además, se introdujo el lema más célebre de toda su historia: “Madrid, Metro a Metro”, que se utilizó durante años, ganando el premio Ampe de Plata 83 y dando nombre a un popular concurso de Telemadrid.

La nueva cartelería, más simple y en colores

Parte fundamental del cambio de imagen fue la nueva cartelería que estrenó el metro, y que ha servido de inspiración a muchas otras redes de transporte. Hoy en día se sigue utilizando este mismo sistema, que aunque ya comienza a necesitar una renovación para adaptarse a los nuevos tiempos, demuestra que un buen trabajo perdura a lo largo de muchos años.

La cartelería, por supuesto, seguía la misma imagen que la nueva marca: simplicidad, uso de colores para diferentes categorías de información y pictogramas. Hasta entonces, los carteles del metro eran todos de letras azules sobre fondo blanco, sin colores o iconos que ayudasen a comprender la información.

Un cambio de imagen completo

Por supuesto, no se puede cambiar la imagen de un servicio simplemente retocando su logo. Un cambio gráfico tiene que venir acompañado de un auténtico cambio en la empresa. El éxito del que emprendió Metro de Madrid vino porque se conjugaron ambas cosas.

La mejora del servicio y de las instalaciones, las ampliaciones necesarias en la red y la mejora de la comunicación al viajero (campañas, cartelería, planos) se emprendieron a lo largo de los 80 y 90 cambiando la percepción que los madrileños tenían de su metro.

Después llegaron las ampliaciones megalómanas que han llevado al desequilibrio presupuestario sin aumentar el número de viajeros, y las campañas más prepotentes (“El mejor metro del mundo”, “El metro que todas las ciudades querrían tener”). También se ha implantado un plano de metro de pésima calidad que rompe con toda la imagen corporativa establecida en 1982. ¿Está en peligro la sólida imagen de Metro de Madrid? Esperemos que no: un trabajo que ha funcionado treinta años tan bien merece una actualización, pero no una destrucción.

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