Comunidad de Madrid: creando una identidad corporativa desde cero

Hoy no es martes y no tocaría post, pero es 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid… que también es una marca. De hecho, es una marca muy reciente, ya que Madrid como comunidad autónoma es un concepto nuevo que no había existido antes. Por eso, cuando a principios de los 80 las dos Castillas decidieron constituirse por su cuenta y Madrid se quedó sola cual niño en el recreo (y le quedó trauma, como veremos en el himno) tuvo que inventarse toda una identidad. Desde una bandera hasta un escudo, himno o logo para el gobierno.

¿Cómo era la identidad de Madrid antes de ser Comunidad?

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Durante el franquismo, la provincia de Madrid era parte de la región de Castilla La Nueva, aunque aparte de figurar como tal en los mapas esto no tenía ninguna otra implicación en la vida real, ya que no existían organismos administrativo por encima de los provinciales. Madrid tenía su Diputación Provincial, sin apenas competencias durante la dictadura, pero que con la llegada de la democracia fue el germen de la Comunidad de Madrid.

La Diputación Provincial tenía su propio escudo y bandera, en la que predominaba el color verde. Por eso, cuando su administración política en la transición necesitó crear un logotipo, se recurrió a este color (que quizás fuera también la razón de que Caja Madrid lo adoptase).

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Color, escudo y bandera

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Una vez decidido que Madrid sería una comunidad autónoma, y aprobado el Estatuto de Autonomía, había que dotarla de símbolos. El problema es que Madrid nunca había sido una entidad independiente, por lo que básicamente había que inventárselos, eso sí, encajándolos bien con las raíces históricas (de lo que se encargó la Real Academia de Historia). La creación de la parte gráfica se encomendó al diseñador José María Cruz Novillo.

El color elegido para representar a la región fue el rojo carmesí, que según escribía Santiago Antón en el informe sobre la bandera y el escudo, era el auténtico color del estandarte castellano, y no el morado, como se creía hasta el punto de que se daba por hecho que ese sería el color elegido.

Para el escudo de la región, se eligió el color rojo ya mencionado. Dos castillos, que representan a las dos Castillas y que ya aparecían en un escudo rescatado del año 1222. Sobre los castillos se sitúan siete estrellas, extraídas del escudo de la ciudad capital y que se relacionan con la Osa Menor. Cada una tiene cinco puntas, lo cual se explica con que representan las cinco provincias con las que limita Madrid. El escudo tiene además una corona, según cuenta la revista, por tres razones: por acoger reales sitios, por ser la residencia del rey y porque “la corona fue ganada en cortes por Madrid y concedida por Carlos V”.

La bandera de la Comunidad es mucho más sencilla, y al haber sido utilizada más por los gobiernos, más conocida. En ella aparecen sobre fondo rojo las siete estrellas de cinco puntas.

La imagen del gobierno regional

Al margen de la bandera y el escudo, el gobierno regional madrileño también tuvo que crear su propia identidad gráfica. Durante sus primeros meses de vida, se utilizó la imagen verde de la antigua Diputación Provincial de Madrid, con el nuevo nombre. Sin embargo, una vez que la región tenía sus propios elementos institucionales, el logo del gobierno se creó en base a ellos. Y por desgracia, como viene siendo costumbre en este país, ha ido cambiando según los cambios en la presidencia. Aquí podemos ver un resumen de los logos que se han utilizado a lo largo de los años en las tres principales etapas de gobierno:

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El himno

Pocos saben que Madrid tiene himno, y mucho menos, que tiene una letra tan original. Y es que su autor, el poeta García Calvo (que cobró una peseta por el encargo) decidió que si había que crear una letra de himno desde cero en 1983, era mejor hacerlo contemporáneo y no imitar estilos clásicos.

Así, el himno empieza recordando el proceso de autonomías y acaba siendo un canto al ser madrileño:

Yo estaba en el medio:
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Ya el corro se rompe,
ya se hacen Estado los pueblos,
Y aquí de vacío girando
sola me quedo.
Cada cual quiere ser cada una:
no voy a ser menos:
¡Madrid, uno, libre, redondo,
autónomo, entero!
Mire el sujeto
las vueltas que da el mundo
para estarse quieto

Yo tengo mi cuerpo:
un triángulo roto en el mapa
por ley o decreto
entre Ávila y Guadalajara,
Segovia y Toledo:
provincia de toda provincia,
flor del desierto.
Somosierra me guarda del Norte y
Guadarrama con Gredos;
Jarama y Henares al Tajo
se llevan el resto.
Y a costa de esto,
yo soy el Ente Autónomo último,
el puro y sincero.
¡Viva mi dueño!,
que, sólo por ser algo,
¡soy madrileño!

Y en medio del medio,
Capital de la esencia y potencia,
garajes, museos,
estadios, semáforos, bancos,
y vivan los muertos:
¡Madrid, Metrópoli, ideal
del Dios del Progreso!
Lo que pasa por ahí, todo pasa
en mí, y por eso
funcionarios en mí y proletarios
y números, almas y masas
caen por su peso;
y yo soy todos y nadie,
político ensueño.
Y ése es mi anhelo,
que por algo se dice:
De Madrid, al cielo

Fuente | Revista Cisneros (publicación oficial de la Diputación/Comunidad de Madrid), 1983.

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