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Cristiñaki y otros logos de las bodas reales

Por si no os habéis enterado, hemos cambiado de Jefe de Estado, puesto que de nuevo vuelve a recaer en un miembro de la familia Borbón. Y aprovechando tal circunstancia he pensado que sería interesante recordar algunas marcas relacionadas con la monarquía y más concretamente con su punto álgido de popularidad: la época de las bodas reales.

Y es que además de un acontecimiento para las revistas del corazón y los programas de cotilleos, las bodas reales también contaron con sus propios logos e incluso con alguna polémica. Repasémoslos.

Felipe de Borbón-Letizia Ortiz (2004)

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La boda entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz se celebró en Madrid en mayo de 2004, y para la ocasión la ciudad se engalanó de colores blanco, amarillo, plata y rosa, que simbolizaban los colores del cielo de Madrid al atardecer. El mismo diseñador de los ornamentos, Pascua Ortega, creó el logo de la boda real presidido por una gran M. Según contaba, para la letra M que representa a la capital se inspiró en la tipografía de la Puerta de Alcalá, creada por Gianbattista Bodoni en el siglo XVIII.

Cristina de Borbón-Iñaki Urdangarín (1997)

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Otro matrimonio de actualidad dentro de la familia Borbón es el de Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarín. Cuando se casaron en 1997 en Barcelona, él solo era conocido por ser exjugador de balonmano. Y con ello quiso jugar el encargado de crear el logo de la boda real, el diseñador Enric Satué, que presentó una creación en la que una pelota de balonmano se rodeaba de rosas formando una imagen similar a la de los aros olímpicos.

La polémica no tardó en saltar. Lo curioso es que esta se trataba de una segunda versión, ya que la Casa Real había rechazado una primera en la que los nombres de los novios se unían en la palabra Cristiñaki impresa en amarillo y rojo sobre azul. Yo habría pagado por verlo, y estoy seguro de que hoy adornaría muchas camisetas en los alrededores de los juzgados de Palma.

El ayuntamiento de Barcelona no tardó en rectificar, así que finalmente se utilizó uno mucho más sobrio, con el escudo de la ciudad y felicitaciones para los novios en castellano, catalán y euskera:

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Elena de Borbón-Jaime de Marichalar (1995)

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Será porque fue la primera en casarse, pero Elena y Jaime de Marichalar se quedaron sin logo propio para su boda. Celebrada en Sevilla, el ayuntamiento de la localidad adornó las calles con el emblema histórico municipal: un jeroglífico compuesto por las sílabas NO y DO y una madeja en medio.

La historia de este símbolo se remonta al siglo XIII, cuando fue otorgado a la ciudad por Alfonso X El Sabio como agradecimiento por su apoyo en las batallas de la época. Por eso se lee «No me ha dejado» (No-madeja-do). Una indescriptible muestra de ingenio.

Fuentes | La Vanguardia (1, 2, 3) y El País.

Por Fernando de Córdoba

Madrileño de 1987. Trabajo en una agencia de social media, gestionando la comunicación online de algunas grandes marcas. También escribo sobre movilidad sostenible en ecomovilidad.net y me gusta el diseño, la fotografía, el branding, el periodismo y la televisión.

3 respuestas a «Cristiñaki y otros logos de las bodas reales»

El logo de la boda de Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin me lleva a recordar la polémica que surgió un poco antes, cuando se presentó como escudo de Barcelona el que aparece en ese logo.
Recuerdo que cuando el Ayuntamiento lanzó esa imagen, lo hizo no como logo sino como escudo oficial de la ciudad, incrustado incluso en la bandera. La Generalitat lo denunció, puesto que las cuestiones heráldicas son materia autonómica y ellos no habían aprobado ese cambio. Al final la ley les dio la razón y el Ayuntamiento se vio obligado a recuperar el viejo escudo y la vieja bandera. Una polémica que se podría haber evitado si esa imagen hubiera sido simplemente una marca o un logo que, salvo en la bandera, se podría haber aplicado en todos los demás soportes sin problema alguno.

Ese escudo aún está presente, en elementos de mobiliario urbano, por toda la ciudad. No solo la Generalitat se opuso, los heraldistas y los vexilólogos se llevaron las manos a la cabeza.
Desde luego fue una propuesta muy arriesgada, como logo funcionaba bien, pero no satisfacía la demanda popular de recuperar las «cuatro barras» que habían desaparecido de la bandera de la ciudad durante el franquismo.

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